Publicado: Vie, Ene 8th, 2016

La Identidad Andaluza

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Recientemente se
produjo, como cada año, la conmemoración de la Toma de Granada por los Reyes
Católicos y, como cada año también, lo que debería ser una fiesta nacional está
salpicada de polémica y es utilizada para reivindicaciones políticas varias. La
endofobia y el etno-masoquismo que existen en la sociedad española son algo de
lo que en muchas ocasiones he hablado y de lo que, para explicar sus causas,
podría extenderme mucho. No obstante, esta celebración me hizo pensar en lo
triste que es que la inmensa mayoría de los andaluces no conozcan su historia,
no sepan quiénes son ni de dónde vienen. No es un problema sólo de Andalucía,
es un mal endémico de toda España y de buena parte del Pueblo Europeo, puesto
que los Estado siempre manipulan la Historia a su antojo, sin embargo en el
caso de Andalucía me toca más de cerca y me parece especialmente sangrante.


Las historias
nacionales o regionales han sido construidas desde el Estado o desde los grupos
dominantes que controlan los medios de comunicación, la cultura… y en
definitiva los medios para nacionalizar a la población de sus territorios. Por
lo tanto todas están manipuladas, no es en eso Andalucía diferente. Sin embargo
la mayoría de estas historiografías construidas por el nacionalismo de turno parten
del Romanticismo del siglo XIX y de la idea mitificada del pasado que se hizo
en aquel tiempo. En el caso de Andalucía, el estereotipo de lo andaluz parte
también del siglo XIX, pero no fue construido por los propios andaluces, sino
que fue fruto de las ensoñaciones de los viajeros extranjeros, muy
influenciados por el orientalismo que estaba de moda en los círculos
intelectuales de la época, buscando lo exótico, lo pintoresco y creando una
imagen falsa de lo que es Andalucía que, por desgracia, perdura hasta hoy. En
esta entrada trataré brevemente de combatir esa falsa construcción de Andalucía
y de exponer cómo es realmente la identidad andaluza, de dónde venimos los
andaluces de hoy.


Historiografía Andalucista


En andalucismo
es en origen un movimiento cultural que trata de buscar las raíces del pueblo
andaluz y que posteriormente alcanza una dimensión política pidiendo la
autonomía administrativa, llegando incluso a generarse un nacionalismo andaluz
e incluso un movimiento separatista. Aunque podríamos remontarnos a finales del
siglo XIX dentro de corrientes federalistas como origen del andalucismo, lo
cierto es que el andalucismo tal y como hoy lo entendemos tiene su origen a
principios del siglo XX, cuando Blas Infante lidera el movimiento y se
establecen los símbolos como la bandera, el himno y el escudo de Andalucía. Es
en esa época cuando el propio Blas Infante establece una idea esencialista y
eterna de Andalucía que ha predominado en la historiografía andalucista hasta
nuestros días. Durante el Franquismo se consolida la imagen tópica de los
viajeros románticos sobre esta región y será en los años 70 cuando el
andalucismo de Blas Infante vuelve a resurgir y se populariza. Si bien el
andalucismo de principios del siglo XX será de cariz liberal, en los años 70 se
ve influenciado por el marxismo y por las corrientes de pensamiento propias de
la descolonización del Tercer Mundo, pese a ser una realidad ajena al contexto
social de Andalucía, por mucho que se tratase (y se trate) de una región
atrasada económicamente y con grandes desigualdades sociales.


La concepción
del andalucismo de Blas Infante, completada por el marxismo a finales del siglo XX,
consiste en que Andalucía ha existido siempre, desde época tartésica, y los
diferentes pueblos que han pasado por este solar nos han ido aportando su
cultura y se han ido mezclando con nosotros, hasta llegar al apogeo cultural y
político que fue al-Ándalus y a la decadencia de la conquista castellana,
origen de todos los males, cuando los bárbaros castellanos colonizaron
Andalucía y convirtieron ese paraíso de la multiculturalidad que supuestamente
era al-Ándalus en una tierra de caciques y jornaleros sin tierras. Aunque en
Andalucía no existe ningún partido nacionalista fuerte, el PSOE ha sabido
canalizar el voto andalucista y se ha apropiado de esta construcción
identitaria, razón por la cual esta visión de la Historia de Andalucía es la
que machaconamente se enseña en colegios e institutos, se transmite por los
medios de comunicación autonómicos y en definitiva es proyectada por la Junta
de Andalucía, poniendo todo el aparato institucional al servicio de la
propaganda desde 1981. Eso sí, completando el relato con el hecho de que la
consecución de la autonomía (con un referéndum fraudulento y de una manera
inconstitucional, pero eso no se cuenta) supone el restablecimiento de todas
las libertades y el gran desarrollo económico y social de Andalucía, de la mano
del PSOE, por supuesto.


Por si esto
fuera poco, en una región tremendamente diversa como es la nuestra, se ha
tratado de homogeneizar a toda la población tomando como base Sevilla,
sustituyendo el centralismo estatal de Madrid por un nuevo centralismo y
colonizando culturalmente la parte oriental de Andalucía desde los medios de
comunicación y la educación. La imagen de Andalucía del flamenco, el traje de
luces, la guitarra, los anuncios de Cruzcampo,
la Semana Santa… es la que se proyecta dentro y fuera de nuestra tierra, así
como la propaganda de que los andaluces somos producto de un mestizaje y somos
medio moros y medio gitanos. Nada de esto, por supuesto, es real… pero una
mentira repetida mil veces durante décadas, acaba calando en la sociedad.


Origen de la Nacionalidad Castellana


La
identificación de Andalucía con al-Ándalus, de lo andaluz con lo andalusí, no
tiene ningún sustento ni histórico, ni etnológico ni de ningún tipo, pero
responde a la intención del nacionalismo andaluz de establecer un hecho
diferencial con respecto al resto de España para justificar así su proyecto
nacional y su separatismo. Conviene, llegado a este punto, explicar tres
conceptos: etnogénesis, etnolisis y etnomorfósis. La etnogénesis es el proceso por el cual una etnia nace, la etnolisis es el proceso por el que deja
de existir, no porque desaparezcan físicamente sus individuos, sino porque el
grupo humano deja de existir como tal para integrarse en un grupo más grande o
para dividirse en grupos más pequeños, dejando de existir un identificación
colectiva. Cuando hoy hablamos de tartesios, turdetanos, bastetanos, oretanos,
celtíberos, vacceos, carpetanos, romanos, visigodos, suevos… estamos hablando
de etnias que ya no existen, aunque transmitiesen su legado biológico y
cultural a etnias surgidas a partir de ellas. El concepto de etnomorfosis hace referencia a la fusión
entre varios grupos étnicos dando como resultado un grupo étnico nuevo
diferente a los dos grupos que lo han formado.


Por eso debemos
hablar del origen de la nacionalidad castellana, o si lo preferimos, de la
etnia cántabro-castellana. En la Península Ibérica existía un sustrato indígena
céltico e ibérico antes de la Romanización. La conquista romana trajo consigo
el proceso de aculturación de la población indígena y el establecimiento de
población alógena de origen latino. Con el paso de muchos siglos y dada la
similitud racial entre los romanos y la población indígena, se produjo un
proceso de etnomorfosis que dio como resultado un nuevo grupo étnico, los hispanorromanos. Con la llegada de las
invasiones germánicas y la caída del Imperio se estableció una nueva entidad
política, el Reino visigodo.


La masa popular
visigoda se estableció, fundamentalmente, en la meseta norte. Zona
fundamentalmente rural donde se produce una fusión con el elemento celta
gracias al paraguas de la romanización y del cristianismo. En el resto de
Hispania se establecen las élites godas sobre todo en las ciudades y en
destacamentos militares, pero el grueso migratorio se establecerá en la zona
antes citada, produciéndose una intensa germanización de aquel territorio. Durante
los trescientos años que dura el Reino visigodo se produce un proceso de lenta
fusión entre los hispanorromanos y los visigodos, una etnomorfosis que dará
lugar a un nuevo grupo étnico, los hispanogodos.
Cuando se produce la invasión musulmana del 711, muchos de los nobles
hispanogodos pactan con los conquistadores y mantienen su religión cristiana,
su lengua latina y su posición. En al-Ándalus se forman varios grupos étnicos,
siendo la población hispanogoda que no se convierte al islam, los mozárabes, los únicos que no serán
expulsados cuando avance la Reconquista.


Aunque la
mayoría de nobles hispanogodos pactan con los musulmanes, muchos se marchen al
norte en una gran oleada migratoria y se refugian en las montañas de Asturias y
Cantabria. En época de Alfonso I de Asturias se decide despoblar el valle del
Duero para establecer una frontera segura con al-Ándalus, produciéndose una
migración masiva de población gótica hacia el Reino de Asturias. En el Reino de
Asturias, posteriormente Reino de León, se producen los procesos de etnogénesis
de las etnias galaico-portuguesa, astur-leonesa y cántabro-castellana. En la
zona ocupada por los cántabros, de origen celta, con la llegada de la población
hispanogoda, se produce la formación del condado de Castilla y un proceso de
etnomorfosis del que resulta la nacionalidad castellana.


La población de
aquel primitivo núcleo del norte será la que repueble el valle del Duero y la
que vaya repoblando de norte a sur toda la Corona de Castilla a medida que
avanza la Reconquista, desplazando a la población musulmana y sustituyéndola,
quedando sólo el elemento mozárabe que, si bien hará aportaciones culturales a
los repobladores, deja de existir en un proceso de etnolisis para fundirse con
el grueso poblacional de los repobladores castellanos. El mismo proceso ocurre
en la Corona de Aragón con aragoneses y catalanes desde la primitiva Marca
Hispánica.


Conquista del Valle del Guadalquivir


El esquema de
repoblación se repetirá en el valle del Guadalquivir cuando se produzca la conquista
por parte de Fernando III, el verdadero Padre de la Patria Andaluza. Dicha
conquista se produce en el siglo XIII y se ratifica con el Tratado de Jaén
firmado el 28 de febrero de 1246 por el que nace el Reino de Granada y se
reconoce a Fernando III como rey de Jaén, Córdoba y Sevilla. Si hay un 28 de
Febrero que celebrar como Día de Andalucía, sin duda es ese y no el fraudulento
referéndum sobre el Estatuto de Autonomía de 1981. Desde ese momento los reyes
castellanos serán reyes de Jaén, Córdoba y Sevilla y más tarde de Algeciras y
Gibraltar. En los documentos en los que aparece el título abreviado, se designa
al monarca como rey de León, Castilla y
el Andalucía
, por lo que es en el siglo XIII y no antes cuando podemos
hablar de Andalucía en el sentido que hoy la entendemos, aunque en esa época
sólo se usa la palabra para designar al valle del Guadalquivir.

En un primer
momento se establece una Andalucía colonial, desplazando sólo a la élite
musulmana pero manteniendo el grueso de la población tal cual. Sin embargo con
la revuelta de los mudéjares
(musulmanes que permanecen en el territorio tras ser conquistado) de 1264, se
produce una expulsión y vaciado de población para sustituirla por población
castellana, repitiendo el esquema repoblador de toda la Península. Esto quiere
decir que los andaluces de hoy somos étnicamente castellanos. Nos llamamos
González, Fernández, Martínez, López… hablamos castellano, nuestras costumbres
son castellanas, nuestra gastronomía, nuestras instituciones políticas (la
Junta es la típica institución castellana), nuestra música y bailes populares
(jotas serranas, melenchones…), nuestros trajes típicos… en definitiva, la
realidad étnica y cultural de Andalucía es totalmente castellana.


Al ser tierra de
frontera, Andalucía tiene especificidades regionales, tiene varios dialectos
propios del castellano, tuvo en su momento el Fuero de Frontera o instituciones
como el Adelantado Mayor de Andalucía… geográficamente se trata de un país
diferente de Castilla, delimitado por Sierra Morena y con una realidad
económica, climática y ecológica diferente. Los andaluces tenemos
peculiaridades regionales y muchos rasgos que nos diferencian, pero no dejan de
ser diferencias regionales y en todo caso, desde el punto de vista étnico,
somos castellanos. A pesar del concepto liberal que reduce una nación a tener
el DNI de un Estado, lo cierto es que una nación no puede existir sin un sostén
étnico. En ese sentido, los andaluces somos parte de la nación castellana, de
la gran nación española y del Pueblo Europeo, no existe una “nación andaluza” y
mucho menos una basada en una supuesta realidad étnica mestiza con elementos
norteafricanos, gitanos o árabes.


Reino de Granada


La repoblación
tras la conquista del Reino de Granada se produce de la misma forma que la del
valle del Guadalquivir. En un primer momento un gran número de población
musulmana emigra al norte de África, aunque permanece población nunca asimilada
pese a los intentos de convertirlos al cristianismo como moriscos. La revuelta morisca de Aben Humeya provoca la expulsión
de los moriscos del Reino de Granada y la repoblación, que se lleva a cabo
sobre todo desde el valle del Guadalquivir. Con la expulsión de los moriscos en
1609 el elemento poblacional árabe-bereber islámico abandona definitivamente la
Península Ibérica. El antiguo Reino de Granada es pues étnicamente tan
castellano como los reinos del valle del Guadalquivir. El Reino de Granada se
considerará un territorio diferente a Andalucía hasta el siglo XVIII, por lo
que como vemos el concepto de Andalucía aún era bastante difuso y, en todo
caso, era la frontera sur de Castilla, no una nacionalidad propia, por mucho
que el Estatuto diga que es una nacionalidad
histórica
y por mucho que el nacionalismo andaluz se empeñe en ello.


Fuente: Blog Renacimiento Gotico http://renacimientogotico.blogspot.es/

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